Introducción
“Viendo mi vida pasar por
culpa de mi enfermedad, vivo a contra corriente, con miedo a lo que vendrá,
lucho y lucho por no dejarme apagar, no lo logrará la enfermedad, no me
arrastrará”
Anónimo.
Belleza, delgadez, juventud… son algunas características que hoy en día
son objeto de deseo para la mayoría de las personas. Se trata de aspectos que
están asociados a la imagen corporal de la persona y que en la actualidad se
relacionan con el éxito y la felicidad, mucho de lo cual involucra a los medios
de comunicación y a la publicidad, que difunden este tipo de mensajes, siendo
la industria de la belleza la más beneficiada.
La llegada del siglo XXI trajo consigo una nueva epidemia que se ha ido
expandiendo con mayor fuerza conforme pasan los años
,
y son las sociedades industrializadas las que más han sido propensas a
ella, sin embargo, esta exclusividad ha ido cambiando, puesto que de un tiempo
a la fecha, como cualquier otra enfermedad, no distingue edad, sexo, posición
social o económica, profesión o nacionalidad; haciendo su blanco más frecuente
a los adolescentes. Dicha cazadora furtiva ha ido tomando más fuerza y
“popularidad”, cobrando día tras día víctimas más jóvenes, ella es la anorexia, conocida también como
Ante el peligro que representa el constante bombardeo de publicidad
sobre productos para bajar de peso, páginas que recomiendan seguir dietas
“flash” y los amenazantes sitios “pro ana y mía” que promueven toda una
filosofía para la delgadez extrema; el presente trabajo se enfoca a buscar el
origen de dicha enfermedad, qué es y cómo se origina, síntomas biológicos
y psicosociales, conductas claves para detectarlo, así como el tratamiento que
deben llevar los pacientes; haciendo énfasis en la participación de los medios
de comunicación con la difusión de mensajes distorsionados, contrarrestado con
el papel tan importante que tiene la familia.
¿Qué es bonito? ¿Qué es feo? Es una pregunta relativa puesto que ningún
ser humano es perfecto,.
La alegría y la ilusión son los “trucos” que hacen a las personas más
bellas y atractivos a los ojos de los demás. El tener estas características
solo depende de cada uno y de la actitud ante la vida, no se necesita de
quirófanos, ni dietas, ni dinero para tenerlas.
El cuerpo ha condicionado la estética a lo largo de la historia
,
en las diferentes culturas. No es nuevo en nuestra sociedad que se le dé
más importancia al cuerpo de la mujer que al del hombre.
Mientras que al hombre se le relaciona con la fuerza, el vigor y el
poder, a la mujer se le asocia con la belleza, el atractivo sexual y la
sensibilidad; inclusive, la mujer se ha vuelto el anuncio publicitario por
excelencia, lo que conlleva a que los medios masivos sean los que decidan el
estándar de belleza, pero ¿Cómo se establecen los requisitos para la
perfección?
En las diversas etapas de la historia se han ido imponiendo diferentes
cánones de belleza, y muchos hombres y mujeres se han visto obligados a
seguirlos y cumplirlos. En algunos casos, adaptarse a ese patrón de belleza ha
supuesto y supone un riesgo para la salud.
En las sociedades primitivas se preferían a las mujeres de complexión
gruesa, pues era símbolo de fertilidad, prestigio y alto estatus. Durante la
Edad Media engordar era símbolo de riqueza y salud. En los siglos XV a XVIII se
sigue valorando a la mujer rolliza con grandes caderas y pechos. Incluso se
llega a colocar almohadillas bajo la ropa para acentuar dichos atributos. Los
hombres se enorgullecían de tener una esposa con este aspecto, ya que
significaba que la podían mantener. Con la Revolución Industrial mejoran los
medios de comunicación y se difunden valores estéticos como el talle de
avispa, resalte de los glúteos y piernas. Es en esta época cuando se
detectan los primeros casos de anorexia nerviosa.
En los años 20´s: Deja de llevarse el cuerpo con curvas para valorar más
las formas rectas. En los años 50´s: Se llevan dos estilos de mujer: una de
formas más curvadas, destacando pecho y caderas; y otra de formas más rectas,
sin curvas. En los años 70´s: Surge el “fenómeno Tweggy”, llamado así por una
modelo inglesa de 17 años muy muy delgada que causó furor en su época y fue
imitada por muchas jóvenes del momento.
En la actualidad se ha implantado el tipo de mujer extremadamente
delgada, la presión social se hace eco de esta delgadez y la “impone” como
canon de belleza, se asocia a tener éxito y ya no implica una distinción entre
clases sociales.
Entendemos que los estereotipos culturales y
su transmisión por los medios de comunicación y de propaganda, principalmente
en los países llamados del primer mundo, proyectan una relación determinista
entre una imagen de las mujeres y su éxito personal, profesional y social. Al
tratar de llegar a este logro impuesto por los estereotipos, la mujer se expone
a la anorexia nerviosa, que lenta y lamentablemente la merma. (Digitalia Inc, 2001: 9)
La anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria que supone una
pérdida de peso voluntaria, la cual lleva a un estado de inanición. Se caracteriza
por el temor a aumentar de peso, y por una percepción distorsionada y delirante
del propio cuerpo que hace que el enfermo se vea gordo aun cuando su peso se
encuentra por debajo del correspondiente a su edad, altura y sexo. Por ello
inicia una disminución progresiva del peso mediante ayunos y la reducción de la
ingesta de alimentos, la cual, normalmente comienza con la eliminación de los
hidratos de carbono. A continuación rechaza las grasas, las proteínas e incluso
los líquidos, llegando a casos de deshidratación extrema. A estas medidas
drásticas se le pueden sumar otras conductas asociadas como la utilización de
diuréticos, laxantes, purgas, vómitos provocados o exceso de ejercicio físico.
En los casos más críticos, las personas afectadas pueden perder de un 15 a un
50% de su peso corporal (Trojovsky et al., 1995)
La anorexia conlleva alteraciones psicológicas graves que provocan
cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una estigmatización del
cuerpo.
Su causa aún es desconocida, pero existen factores desencadenantes o
cierta vulnerabilidad biológica, que es lo que precipita el desarrollo de la
enfermedad, así como situaciones familiares o personales que ante un mal
manejo pueden derivar en esta conducta autodestructiva (Cfr. Aizpuru, 2008);
como son: sobrepeso u obesidad, obesidad materna, muerte o enfermedad de un ser
querido, separación de los padres, alejamiento del hogar, fracasos escolares,
accidentes o sucesos traumáticos.
Los principales síntomas que determinan la aparición de la enfermedad y
constituyen la señal de alerta son (Álvarez et al., 2002: 46): Rechazo a
mantener el peso corporal por encima del mínimo adecuado para la edad y talla
del enfermo, miedo al aumento de peso o a la obesidad, percepción distorsionada
del cuerpo, su peso y proporciones, ausencia de tres ciclos menstruales
consecutivos en las mujeres (amenorrea), preocupación excesiva por la
composición calórica de los alimentos y por la preparación de los alimentos,
reducción progresiva de los alimentos, obsesión por la imagen, la báscula, los
estudios y el deporte, utilización de trampas para evitar la comida e
hiperactividad.
A estos síntomas se le suman otros rasgos típicos como la irritabilidad,
la depresión y los trastornos emocionales o de la personalidad. Asimismo, se
manifiesta una alteración de la sensación de saciedad y plenitud antes de las
comidas, náuseas, hinchazón, o incluso ausencia de sensaciones.
En cuanto a las consecuencias clínicas, los síntomas son los siguientes
(Álvarez et al., 2002: 48):
Las pulsaciones cardiacas
se reducen.
Se producen arritmias que
pueden derivar en un paro cardiaco.
Baja la presión arterial.
Disminuye la masa ósea y,
en los casos muy tempranos, se frena la velocidad de crecimiento.
Disminución de la motilidad
intestinal.
Anemia.
Aparece un vello fino y
largo, llamado lanudo, en la espalda, los antebrazos, los muslos, el cuello y
las mejillas.
Estreñimiento crónico.
La disminución del gasto
energético produce una sensación constante de frío.
La piel se deshidrata, se
seca y se agrieta.
Coloración amarillenta en
las palmas de las manos y las plantas de los pies por la acumulación de
carotenos en las glándulas sebáceas.
Las uñas se quiebran.
Pérdida de cabello.
Problemas con los dientes y
edemas periféricos. Hinchazones y dolores abdominales.
La anorexia es una enfermedad psiquiátrica y debe tratarse como tal. El
tratamiento debe basarse en tres aspectos (Aizpuru, 2008):
Detección precoz de la
enfermedad: conocimiento de los síntomas por parte de los médicos de atención
primaria y de los protocolos que fijan los criterios que el médico debe
observar.
Coordinación entre los
servicios de psiquiatría, endocrinología y pediatría.
Seguimiento ambulatorio una
vez que el paciente ha sido dado de alta, con visitas regulares.
Después comienza el tratamiento psicológico, que intenta reestructurar
las ideas racionales, eliminar la percepción errónea del cuerpo, mejorar la
autoestima, y desarrollar las habilidades sociales y comunicativas entre el
enfermo y su entorno. La familia debe tomar parte de manera activa en el
tratamiento porque en ocasiones el factor desencadenante de la enfermedad se
encuentra en su seno y, además, la recuperación se prolonga inevitablemente en
el hogar (Cfr. Aizpuru, 2008).
Clínica Ellen West
La Clínica Ellen West, es un centro de tratamiento especializado en
trastornos de la conducta alimentaria: anorexia, bulimia, trastorno por atracón
y obesidad. Ellen West fue fundada en 1998, siendo el primer centro de
tratamiento en la República Mexicana, en ofrecer modelos de evaluación,
diagnóstico y tratamiento de primer nivel. La clínica ofrece evaluaciones
iniciales para determinar el diagnóstico preciso del paciente lo que permite
elegir la mejor alternativa o modalidad de tratamiento. El modelo de
tratamiento es integral, multidisciplinario, diseñado para las mujeres
mexicanas de cualquier edad, basado en evidencias científicas a la vez que se
agregan elementos de la psicología profunda, lo que permite la curación de
dichas enfermedades y disminuye significativamente el riesgo de recaídas.
El tratamiento a los trastornos alimenticios se basa fundamentalmente en
el modelo de Vulnerabilidad y Estrés de Sadock y Nemeroff (2000) que propone la
suma de factores genéticos y biológicos con experiencias traumáticas tempranas,
que conducen al individuo a una predisposición a desarrollar este tipo de
trastornos ante un factor desencadenante. Por lo tanto, la intervención
terapéutica en estos trastornos implica necesariamente el trabajo
multidisciplinario de psiquiatría, psicología, medicina, nutrición y terapias
complementarias. Lo anterior, hace referencia a que las experiencias que se
viven a lo largo de la vida, como la muerte de un ser querido, la separación de
algún familiar, un accidente o suceso impactante, pueden alterar el
funcionamiento químico del cerebro produciendo que en el futuro seamos más
propensos a alteraciones del estado de ánimo ante acontecimientos similares. Es
por ello que el tratamiento busca ayudar al paciente a comprender los sucesos
pasados y encontrar herramientas a través de un tratamiento psicológico y
farmacológico, utilizando la valoración del paciente sin determinar que sus
padecimientos tienen únicamente un origen biológico, ayudando así a superar su
situación actual a través de un trabajo multidisciplinario buscando la
superación de la enfermedad desde todos sus ángulos.
Su misión es brindar ayuda a los individuos y a las familias afectadas
por este trastorno alimenticio, así como ayudar a los pacientes a que
encuentren un sentido por la vida. Su tratamiento se basa en la ideología de
que las necesidades para lograr la recuperación varían en cada persona, por lo
que debe proveerse el entorno terapéutico adecuado, en el cual un equipo de
expertos ayude al paciente a desarrollar un plan de tratamiento personal para
generar los recursos internos y la fortaleza indispensables durante el proceso
de recuperación a lo largo de su vida. Continúan aplicando la filosofía de los
12 pasos y sistemas de apoyo mutuo. Esta clínica tiene más de 18 años de
experiencia en el campo de las adicciones.
Cerca del 95% de las personas que sufren este trastorno son mujeres.
Generalmente comienza en la adolescencia, a veces antes y menos frecuentemente
en la etapa adulta. La anorexia nerviosa afecta primordialmente a las personas
de clase socioeconómica media y alta. En la sociedad occidental el número de
personas con este trastorno parece aumentar. La anorexia nerviosa puede ser
leve y transitoria o grave y duradera. Se han comunicado tasas letales tan
altas como del 10 al 20%. Sin embargo, como los casos leves pueden no ser
diagnosticados, nadie sabe exactamente cuántas personas tienen anorexia
nerviosa o qué porcentaje muere de ella.
La edad de inicio de la anorexia se sitúa en la primera adolescencia, en
torno a los 12 años, si bien la población más afectada se encuentra entre los
14 y 18. Es más frecuente en las clases sociales media y media-alta. En un 95 %
de los casos la anorexia afecta a mujeres jóvenes, aunque en los últimos años
se ha producido un aumento en hombres, en mujeres adultas y en niños. Existen
colectivos más propensos a sufrir estos trastornos, como es el caso de las
gimnastas, las bailarinas y las modelos.
Las revistas de moda, la televisión, Internet, etc. publican
periódicamente dietas que prometen una rápida pérdida de peso; suelen ser
perjudiciales para la salud por la restricción importante de alimentos y la
reducción excesiva de las calorías diarias; mismas que, son elaboradas por
personas sin conocimientos nutricionales específicos que buscan sólo beneficios
económicos. El bombardeo publicitario al que se ve sometida nuestra sociedad,
hace que cada día aumente considerablemente el número de personas con anorexia
y
sea cada día mayor (Cfr. Harris, 2003).
Una tendencia del siglo XXI ha sido la alimentación basada en alimentos
light, los cuales presentan un porcentaje calórico inferior a su homónimo
natural; y la cuál se consigue, en muchos casos, manipulando el alimento
natural y sustituyendo su cantidad de azúcares por edulcorantes, y las grasas
por sustitutos químicos.
La falta de información verídica y la fe ciega en los anuncios de los
medios masivos, así como las opiniones de figuras públicas, han hecho creer a
la gente que el azúcar y las grasas son dañinos, no obstante éstos sean
nutrientes básicos para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, por lo
que el consumo abusivo de alimentos light puede provocar desequilibrios
nutricionales.
Es importante, por tanto, que se tenga conciencia de la alimentación que
se tiene, puesto que el cuerpo es una máquina que necesita combustible y al ser
éste de mala calidad o escasamente proporcionado, puede enfermarse o incluso
morir.
La comida es un arte, pero
no está hecho sólo para contemplar.
Al contrario que en épocas históricas anteriores, en las que la ropa y
los complementos eran los que sufrían transformaciones para resaltar ciertas
partes del cuerpo, actualmente es el cuerpo el que se “moldea”. Y, por si fuera
poco, ese prototipo ideal de delgadez no se presenta como algo extraordinario,
sino como “lo normal”, el cuerpo que todos “debemos” tener.
Ahora la delgadez es moda, igual que en otras épocas lo era tener
caderas anchas o la “cintura de avispa”. El problema surge cuando se plantea
esta,
y
tenemos la idea de que el
cuerpo es maleable, que lo podemos modificar en función de las modas y nada
está más lejos de la realidad.
Los medios de comunicación, la publicidad y la moda han dejado de
escuchar la opinión de la mayoría y se han centrado en las necesidades o
ideales de una minoría, para la que lo bello ha de tener un patrón físico
determinado y además ser joven, no dejando alternativa a las mujeres maduras.
De esta manera, se ha creado entre la población una “necesidad” respecto al
cuerpo, que no corresponde con la realidad. No es necesario ser alto, joven y
delgado para ser feliz, filosofía que muchas veces conlleva a la aparición de
estos trastornos alimenticios, todo con tal de saciar la necesidad que se
siente por ser aceptado socialmente.
Resulta imprescindible por tanto crear una conciencia crítica sobre
estos valores preestablecidos, que nos sumergen en un mundo de sacrificio e
insatisfacciones constantes. Una capacidad crítica que debe comenzar desde que
somos niños y continuar a lo largo de toda la vida. Sólo de esta manera se
logrará crecer como persona, desarrollando un criterio propio y aprendiendo a
querernos y a aceptarnos tal y como somos. El papel de los padres, madres,
tutores y educadores es, en este aspecto, primordial. Son ellos los encargados
de crear en sus hijos y alumnos una conciencia crítica que les ayude a mantener
una autoestima alta. La información es un aliado fuerte que nos permite
quitarnos la venda de los ojos y la cuerda de las manos que nos impide actuar
en favor de alguien más.
Se tiene pues que aprender a reconocer todo lo que somos y mostrarlo;
quedarse sólo con una parte, como la imagen, nos limita como personas
,
y limita la visión que los
demás tienen de nosotros, sólo de esta manera lograremos que los índices de
muertes por anorexia bajen, daremos a nuestra juventud la oportunidad de vivir
una vida sin presión, pero sobre todo daremos un paso grande como sociedad.
Nunca hay que olvidar que somos más que una imagen.
1)
Trojovsky A, Scheer P,
Dunitz M, Kaschnitz W, Sommer I & Kranz U.(1995) Anorexia nervosa. Paediatría Pedol; 30: 93-9.
2)
Álvarez RG, Vázquez AR,
Mancilla DJM & Gómez-Peresmitré G.( 2002) Evaluación de las propiedades
psicométricas del Test de Actitudes Alimentarias (EAT-40) en mujeres mexicanas.
Revolución. Mexicana Psicológica19,
47-56.
3)
Ochoa de Alda I, Espina A
& Ortego MA.( 2006) Un estudio sobre personalidad, ansiedad y depresión en
padres de pacientes con un trastorno alimentario. Clínica y Salud, 17:
151-70.
4)
Harris,D. (2003) Melany: historia de una anoréxica. Colombia:
Grupo Editorial Norma
5)
Stop- Obsesion: Una campaña
contra la bulimia, anorexia y a la obsesión por la imagen. Retrieved from:
http://www.stop-obsesion.com Consultada el 24 de noviembre de 2011.
6)
Aizpuru, A. (2008). Artículos sobre TCA. México: Fundación
Ellen West. Retrieved from http://www.ellenwest.org. Consultada el 24 de
noviembre de 2011.
7)
Digitalia, Inc. (2001) Derecho de Las Mujeres a Su Imagen. Los
Trastornos Del Comportamiento Alimentario (Anorexia y Bulimia). New York,
E.U.A: EBSCO HOST Alicante Collection.
No hay comentarios:
Publicar un comentario